ansiedad_trabajo

¿Por qué no disfrutamos del trabajo?

La ansiedad en el trabajo es una experiencia común que puede afectar negativamente el bienestar emocional. Es fundamental entender que este sentimiento es normal, pero cuando se vuelve abrumador, es esencial abordarlo adecuadamente.

La ansiedad en el trabajo puede manifestarse de diversas maneras. Puede sentirse como nerviosismo antes de una reunión importante, preocupación constante por el rendimiento o una sensación generalizada de inquietud.

Comprender las fuentes específicas de ansiedad es el primer paso hacia el manejo efectivo, reflexionar sobre las situaciones que desencadenan la ansiedad puede proporcionar una visión clara de los desafíos a los que te enfrentas.

«Es vital reconocer que no estás solo. La ansiedad laboral afecta a muchas personas, y buscar apoyo es un signo de fortaleza, no de debilidad.»

El establecimiento de límites claros y realistas es crucial. «Aprender a decir no cuando sea necesario y delegar tareas puede aliviar la presión y reducir la ansiedad.»

La atención plena, centrarse en el momento presente, puede ser una herramienta poderosa. Practicar la respiración consciente y tomar pequeños descansos durante el día puede ayudar a mantener la calma.

La comunicación abierta con colegas y superiores es clave. Expresar tus preocupaciones puede generar comprensión y posiblemente conducir a soluciones colaborativas.

Finalmente, buscar la ayuda de un profesional puede marcar la diferencia. «Un psicólogo puede ofrecer estrategias específicas para abordar la ansiedad laboral y proporcionar un espacio seguro para explorar y comprender tus emociones.»

En resumen, la ansiedad en el trabajo es una experiencia común, pero no debes enfrentarla solo. Reconocerla, comprender sus fuentes y buscar apoyo son pasos esenciales hacia un entorno laboral más saludable y satisfactorio.

porque_ir_psicologo

No camines solo, yo te ayudo

Seguramente te has sentido abrumado y solo al lidiar con tus sentimientos internos. Lo cierto es, que existen muchos tabúes sobre el hecho de “tener que ir a un psicólogo”.

Una de las preguntas más frecuentes que nos podemos hacer es la de “¿debería ir a un psicólogo?” Lo primero que debemos saber es que el acudir a terapia no tiene que ver con que tengamos un problema mental. Nuestro día a día, nuestras relaciones sociales, familiares y sentimentales se complican y esto genera en nosotros mismo una serie de pensamientos y emociones que no siempre sabemos controlar. Cuando te des cuenta de que hay emociones o pensamientos que no pueden manejar satisfactoriamente y que te están limitando, de alguna manera, tu vida, es el momento de acudir a un especialista que te ayude al manejo emocional y de pensamientos.

“¿Qué va a hacer el psicólogo con todo lo que yo le cuente?” Debido al código deontológico de psicólogos y a la ley de protección de datos, todos tus datos serán confidenciales y no serán transmitidos a ninguna persona si tú no lo autorizas (siempre que seas mayor de edad).

Otra de las preguntas que nos cuestionamos es “¿puede saber todo sobre mí?¿me juzgará?”. Un psicólogo es un profesional, y como tal, no puede saber nada que no le quieras contar. Para que la terapia sea efectiva, es necesario que seas lo más sincero/a posible, ya que cuanta más información tengan de ti, mejor será la ayuda que puedan darte. Ten en cuenta que su trabajo no es juzgar, sino la de trabajar con tus percepciones, emociones y pensamientos.

“¿Cuánto tiempo tengo que ir a terapia?”, desgraciadamente, no existe una regla exacta para determinar cuántas sesiones de terapia vas a necesitar. Lo que realmente es necesario para que una terapia sea efectiva es la implicación de la persona por querer cambiar y mejorar. Esto significa que cuánto más te involucres en la terapia mejor va a ser la evolución y por tanto, menos sesiones necesitarás para encontrarte mejor.

Recuerda:

  • Siempre que necesites ayuda con el control de pensamientos y emociones puedes acudir a un psicólogo.
  • Tus datos son confidenciales e intransferibles.
  • Si eres sincero y colaborador con la terapia notarás antes los cambios y las mejoras.
divorcio_hijos

Divorcio en los hijos

Es inevitable que los niños sufran cuando se les informa que sus padres se van a divorciar y que ya no van a vivir juntos con sus dos progenitores, pero sí es posible encontrar una explicación adecuada con la que paliar su dolor y que haya un clima de confianza y seguridad entre los hijos y sus padres. Pautas:

  1. La información siempre tienen que proporcionarla los padres de forma clara y concisa, sin dar falsas esperanzas con expresiones como “de momento” “durante un tiempo”, etc.
  2. No culpar a ningún progenitor. Los niños tienen un padre y una madre y ha sido una decisión tomada por ambos.
  3. Repetir que aunque sólo un progenitor tiene la custodia, podrán ver a su otro progenitor siempre que quieran.
  4. Nunca hablar mal del otro progenitor. Existe un síndrome llamado “Síndrome de Alienación Parental”, esto ocurre cuando uno de los progenitores (generalmente el que tiene la custodia) habla mal del otro progenitor, transmitiendo al niño odio y rechazo hacia la otra parte, creando así una mala imagen del mismo. El niño percibe que hay una lucha por parte de ambos y es una forma clara de manipulación donde uno de los padres utiliza al hijo para atacar al otro, por no hablar del malestar que supone para el niño a nivel emocional presente y futuro.

Reacción emocional de los hijos

Aunque cada niño es diferente, a todos les afecta el divorcio de sus padres. Sin embargo, podemos notar diferentes síntomas como:

  • Tristeza/irritabilidad: es frecuente que aparezcan síntomas depresivos como retraimiento, pérdida de peso, insomnio, etc. En niños algo más mayores, estos síntomas se suele traducir en irritabilidad, rabia e incluso agresividad.
  • Dificultades en el aprendizaje o fracaso escolar: la mayoría de las veces suele ser causada por la falta de atención debido a su situación de estrés.
  • En ocasiones tienen miedo a quedarse solos o abandonados, se creen culpables y pueden dudar de su habilidad para casarse o tener una relación.
  • Conductas regresivas: hablar como un bebé, chuparse el dedo, gatear,…

¿Cómo actuar ante su comportamiento?

Para los niños es más difícil gestionar la situación que para los adultos, ya que poseen menos herramientas con las que hacer frente a la situación. Dos consejos clave son:

  • Favorecer la comunicación. Hay niños que hablan de sus sentimientos y otros que prefieren evadir el tema. Si no quieren hablar del tema, trata de favorecer la comunicación, pero sin forzarles.
  • Paciencia. El niño necesita todo el cariño y apoyo de sus padres para que el divorcio le afecte lo menos posible.